Un apellido materno español y todas las veces que León XIV peregrinó a España

A pocos días de que el Papa León XIV cruce de nuevo el umbral de nuestra frontera en junio de 2026, volvemos la vista atrás para descubrir que su camino hacia el Vaticano pasó, muchas veces y en silencio, por las calles de España.

Pablo Mariñoso de Juana

No se llega a la Cátedra de Pedro sin haber caminado antes por numerosos caminos. De Robert Prevost, el día que se asomó al balcón de San Pedro, sabíamos sus orígenes en los suburbios de Chicago, su paso por la curia agustina y su etapa misionera en Perú, al frente de la diócesis de Chiclayo. Pero poco más. Entre estos epígrafes, hay en la biografía de León XIV una geografía invisible, tejida a base de encuentros discretos. Para entender al Papa que recibiremos en nuestro país no basta con mirar al Palacio Apostólico; hay que bajar a los claustros de Castilla, a los colegios de la periferia y a los conventos donde el tiempo parece haberse detenido con el recuerdo de aquella o tal visita de este agustino sencillo.

De ahí que España no sea para Robert Francis Prevost Martínez −el apellido ya nos da alguna pista− una escala más en este mapa de vuelos internacionales. Nuestro país ha sido, por el contrario, una herencia que le corre por las venas. Su madre, Mildred Martínez, le entregó no solo un apellido español, sino una forma de ver el mundo que hunde sus raíces en Córdoba. 

Quizás por eso, cuando el Pontífice dirigió al orbe unas pocas palabras en español ante una Plaza de San Pedro que lo acogía por primera vez, muchos apuntaron su familiaridad: no estaba usando una lengua aprendida en los libros, sino el idioma de su propia memoria materna.

Un apellido del sur

Aunque, como sabemos, Prevost nació en Chicago, su historia se escribió primero en Córdoba. Fueron sus abuelos maternos, naturales de esta ciudad andaluza, quienes cruzaron el Atlántico llevando consigo poco más que un apellido, Martínez, y unas pocas maletas. Allí buscaron como tantos otros españoles un futuro familiar, y en esa herencia se explica por qué el sur ha sido siempre para él una querencia natural. León XIV es buen conocedor de la religiosidad andaluza −diez días después de su elección, precisamente desfilaba El Cachorro por las calles de Roma en el Jubileo de las Hermandades y Cofradías−.

No en vano, en la Semana Santa de 2001, con Juan Pablo II en el Vaticano y un mundo que aún no intuía los cambios que traería el nuevo milenio, el nuevo Prior General de los Agustinos andaba perdido entre el incienso de Sevilla. Entonces pudo conocer junto a su comunidad el silencio de los conventos de San Leandro y de la Encarnación. Y aquella visita dejó huella: las religiosas aún guardan en su memoria la imagen de un hombre que se acercó a escuchar los susurros de la clausura. Hoy atiende con esa misma parsimonia a los jefes de Estado. En Huelva, su presencia se repitió en 2007 y 2011, dejando en las Madres Agustinas la huella de una cercanía que no entiende de jerarquías.

Un pastor entre aulas y claustros

Si algo ha definido las visitas de León XIV en nuestra tierra ha sido su vocación de maestro y pastor. Aunque discreto, todos los que han trabajado a su lado aseguran que este agustino es un sacerdote verdaderamente interesado por las personas que conoce. Durante sus dos mandatos como superior de la orden −fueron unos doce años visitando diversas comunidades por todo el globo−, su «obligación» de visitar a sus hermanos se convirtió en una oportunidad para la escucha. En Málaga, en el colegio Los Olivos, todavía recuerdan a Prevost compartiendo el día a día con los alumnos y frailes en el año 2000. Su mirada afable no era, digamos, la de un inspector, sino la de un pastor.

Ese mismo rastro de humildad se encuentra en los registros de Zaragoza y Valencia en 2005, o su visita a Santander en 2007. En todas esas paradas, los testimonios coinciden con una precisión asombrosa: «dialogante», «atento», «humano». Apenas un año después de asumir la máxima responsabilidad dentro de su orden, su itinerario se detuvo en León. Aquel 2002 se celebró el centenario del colegio de los Agustinos, y allí fue condecorado por los antiguos alumnos. Tiene su guiño poético que aquel hombre que recibía entonces una insignia en una capital de provincias sea, dos décadas después, el encargado de portar el anillo del Pescador.

Ávila: su último autógrafo

De todas las estaciones de este itinerario de visitas, encuentros y afectos, hay una que brilla con luz propia por su cercanía en el tiempo. El 22 de septiembre de 2024, el entonces cardenal Prevost, llevado a Roma por el Papa Francisco para liderar el Dicasterio para los Obispos, se detuvo en Ávila. En aquella ocasión no lo hizo, sin embargo, rodeado de una comitiva oficial, sino acompañando a un grupo de peregrinos. Su última vez en España fue, de nuevo, la visita de un pastor.

En la basílica de La Santa, edificada sobre la casa natal de Santa Teresa de Jesús, el cardenal celebró la Santa Misa y se detuvo ante el libro de firmas. Allí quedó estampado el que sería, probablemente, su último autógrafo en España antes de la elección: Robert Cardinal Prevost. Es una rúbrica que hoy Ávila custodia casi como una reliquia. Cuando el 8 de mayo repicaron las campanas de la Catedral del Salvador, Ávila no saludaba a un desconocido: el rostro del nuevo Papa era el de un hombre que, apenas unos meses antes, había cruzado sus puertas como un peregrino más.

El regreso de León

Ahora que su agenda en España nos permite trazar el que será su tercer viaje apostólico como pontífice −después de su visita a Turquía y el Líbano y su breve escapada a Mónaco−, conviene recordar que León XIV no viene a descubrir España, sino a reconocerla. En el itinerario de junio −con Madrid, Barcelona y Canarias en el horizonte− aguarda la ilusión de un pueblo que ya echaba en falta la venida del Santo Padre. De ahí que su figura no sea la de un dignatario lejano, sino la de un fraile agustino que durante años recorrió nuestro país. Un hombre que ha entendido, a base de encuentros, el significado de la universalidad de la Iglesia.

Por tanto, en junio viene el Papa que llamó personalmente al obispo de Ávila para comunicarle su nombramiento; el hombre que en 2016 viajó a Palencia para estar junto a su hermano de hábito, Manuel Herrero, en su toma de posesión; el religioso que en Bilbao, en 2011, asistió a la consagración del agustino Miguel Olaortúa. Visitas aparentemente anecdóticas que se han ido depositando como teselas en un mosaico que solo ahora, con la perspectiva de su venida como pontífice, cobra su sentido completo.

Hay curiosidad por qué palabras pronunciará, cuál será la ruta final y qué gestos protagonizarán su venida. España aguarda a León XIV con la inquietud de quien recibe a un líder mundial, pero su biografía nos obliga a cambiar la mirada y adoptar la familiaridad de quien espera a un viejo peregrino. Este junio las calles se van a abarrotar de fieles con la intención de descifrar la figura del primer papa norteamericano. En medio de todo ello, habrá que detenerse un instante para ver la mirada del hombre que un día fue simplemente Robert, el hijo de Mildred Martínez. El fraile que se preparó para gobernar la Iglesia a base de visitar colegios de provincias.

Robert Prevost En España Mapa

 

Las huellas del peregrino Prevost

  • 2000 - Málaga (Colegio Los Olivos).

  • 2001 - Sevilla (Semana Santa).

  • 2002 - León (Centenario de los Agustinos).

  • 2004 - Calahorra (Colegio Agustinos)
  • 2005 - Valencia y Zaragoza (Visitas de renovación).

  • 2007 - Santander y Huelva (Convento de las Madres Agustinas).

  • 2008 - Valladolid (40º aniversario del Estudio Teológico).

  • 2010 - Madrid (50º aniversario del Colegio San Agustín).

  • 2011 - Bilbao (Ordenación de Mons. Miguel Olaortúa) y Huelva.

  • 2016 - Palencia (Toma de posesión de Mons. Manuel Herrero).

  • 2024 - Ávila (Última visita como Cardenal).

 

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