Alicia Azabache recuerda al joven Robert Prevost en Trujillo

En este nuevo episodio de Esperando a León, conversamos con Alicia Azabache, histórica colaboradora y feligresa de Robert Prevost durante sus años como sacerdote agustino en Trujillo (Perú), donde hoy continúa trabajando en la parroquia de Santa Rita de Casia, fundada durante aquella etapa.

Azabache conoció al actual León XIV en 1990, cuando todavía terminaba sus estudios universitarios y comenzaba a colaborar en la comunidad parroquial impulsada por los agustinos. Allí descubrió a un sacerdote “muy fraterno, muy cercano”, que apostó por una pastoral distinta y profundamente vinculada a las periferias más pobres.

“Él me decía: ‘Alicia, no te preocupes, vamos a enseñarte’”, recuerda sobre el momento en que Prevost le pidió coordinar toda la pastoral de la comunidad pese a su juventud y falta de experiencia.

La entrevistada explica que el hoy Papa comenzó construyendo la comunidad antes incluso que el propio templo: “Desde un inicio era nuestra comunidad parroquial”. Y añade que el proyecto se desarrolló especialmente en las zonas más humildes de Trujillo: “No empezamos aquí en la urbanización, lo empezamos afuera, en las periferias, donde la gente era mucho más pobre”.

Durante la conversación, Azabache describe a Prevost como un sacerdote profundamente implicado en la vida cotidiana de la gente, especialmente de los jóvenes. Organizaba actividades deportivas, visitaba familias, promovía campañas médicas y ayudaba a las personas más necesitadas con alimentos, ropa o juguetes para Navidad.

Una Iglesia cercana y comunitaria

La antigua colaboradora de Prevost insiste en que el actual Papa dejó una huella pastoral muy concreta: una Iglesia construida desde la fraternidad, la escucha y la cercanía con los más vulnerables.

“Nos enseñó a caminar juntos, respetar y abrazar a todos sin distinción”, sostiene.

Alicia recuerda también cómo el sacerdote agustino impulsó iniciativas de apoyo a mujeres vulnerables y campañas en defensa de los derechos humanos, además de acompañar a las comunidades más pobres de la periferia de Trujillo.

Más de tres décadas después, muchas de las dinámicas que Prevost impulsó siguen vivas en Santa Rita de Casia. De las seis zonas pastorales originales se ha pasado a dieciocho, manteniendo el mismo espíritu comunitario y misionero.

“Lo extraño mucho”, concluye Alicia Azabache.

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