Hace 30 años llegó la primera patera a Canarias, ¿qué hace la Iglesia por estos migrantes?
Varias entidades de las diócesis de Canarias y Tenerife buscan una inserción digna de los migrantes, ayudándoles a aprender el idioma y con talleres profesionalizantes. León XIV se reunirá con sus trabajadores, voluntarios y usuarios.
Texto y fotos: M. Rodrigo
Varias entidades de las diócesis de Canarias y Tenerife buscan una inserción digna de los migrantes, ayudándoles a aprender el idioma y con talleres profesionalizantes. León XIV se reunirá con sus trabajadores, voluntarios y usuarios.
«Hace 30 años que llegó la primera patera a Fuerteventura y es una realidad que se ha ido configurando. Cuando hablamos de que somos parte de la ruta atlántica es porque estamos en el camino». Lo explica Suso González, miembro del equipo de Movilidad Humana y Cooperación Fraterna en Cáritas Tenerife y delegado de Migraciones en la diócesis, que abarca esta isla, La Palma, la Gomera y el Hierro.
León XIV visitará Canarias en el marco de su viaje apostólico a España. Cumplirá así con un deseo del Papa Francisco, quien ya anunció en 2024 su intención de conocer la realidad de los migrantes y rezar por quienes pierden la vida en el océano.
Aunque el grueso de las personas de origen extranjero en las islas «entran por avión y son de Latinoamérica por nuestra vinculación histórica con Cuba y Venezuela, cada vez llegan más desde África atravesando parte del Atlántico». Entre otras explicaciones, porque cada vez es más difícil llegar a España por la ruta mediterránea. Como consecuencia, por ejemplo, a El Hierro llegaron a lo largo de 2025 más de 10.000 personas en embarcaciones, casi el mismo número que los 12.000 habitantes de la isla.

La Iglesia trabaja con los que llegan, especialmente con los menores que nada más cumplir la mayoría de edad son expulsados de los centros de tutela «y empiezan a enviar solicitudes a nuestros recursos», explica González. Para que «puedan buscar un medio de vida y estabilidad, les brindamos espacios de primera acogida o algunos cursos que tiene Cáritas de aprendizaje del idioma o de apoyo para terminar regularizar su situación y establecer redes de amistad que les permitan irse integrando».
Pero es una labor que no se hace exclusivamente desde Cáritas sino desde toda la Mesa Diocesana de Migraciones donde, según Suso González, «nos coordinamos para ver qué dificultades son comunes y cómo las podemos afrontar en diálogo con la Administración». En Tenerife también forman parte de ella la Fundación Canaria Buen Samaritano, la Fundación Don Bosco, Justicia y Paz, la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) y otras muchas entidades. «Este es un puzzle que se compone de varias piezas y tenemos que ir juntos de la mano», detalla el delegado de Migraciones de Tenerife.
Dos semanas en barca desde África
Pepe Hernández es sacerdote y presidente de la Fundación Canaria El Buen Samaritano, donde actualmente se alojan 175 migrantes repartidos por un total de 14 casas alrededor de Santa Cruz de Tenerife. «Nueve viven en la más pequeña y en la más grande 30», que no es una vivienda al uso sino un amplio edificio. Proceden principalmente de Mauritania, Senegal, Gambia, Mali, Guinea Bissau y Guinea Conakry, por lo que tardan una o incluso dos semanas en llegar a nuestro país directamente en patera desde estos países tan lejanos, para lo que necesitan pasar por Marruecos ni la ruta del Mediterráneao.
Algunos acaban aquí porque eran menores y han pasado antes por un centro tutelado en el que, «al cumplir los 18 años, el Estado ya no se hace cargo de ellos y los dejan en la calle». Otros tras haber sido detenidos injustamente porque, al haberles tocado a ellos forzosamente conducir el cayuco con el que llegan a nuestro país, «se les ha acusado de haber participado de tráfico de personas». Y hay un tercer grupo que ha pasado por un campamento para adultos en el que viven unas 2.000 personas y, cuando se les ofrece ser reubicados en la Península, «no quieren marcharse porque aquí ya están echando raíces» y no se ven preparados para otro duelo migratorio más ni volver a hacer un círculo social nuevo de cero.
Los antecedentes de esta fundación se remontan a hace 20 años, aunque propiamente «se constituyó en 2017 por petición del obispo, porque las Cáritas parroquiales no podían absorber el volumen de trabajo». Hernández tiene a su cargo dos, Santa María de Añaza y San Alfonso María de Ligorio. Recuerda que el 6 de enero de 2022, mientras se dirigía a la segunda, «me encontré con un grupo de chicos que habían echado de un CIE porque habían cumplido allí 40 días y ahora estaban en situación de calle». Tras detenerse a hablar con ellos y preguntarles qué sucedía, «los traje a la parroquia y empezaron a vivir con nosotros».

Según ponen pie en este recurso, a los migrantes se les ofrece «un itinerario de inserción donde lo primero es atender sus necesidades básicas». Y luego, como «llegan sin papeles ni permisos», se les imparten unos talleres profesionalizantes que incluyen clases de español y competencias básicas de cocina, agricultura, carpintería, costura o construcción. «Hasta que los podamos insertar laboralmente viven con nosotros», detalla Hernández. Después permanecen algunos meses más trabajando y «ahorrando para poder emanciparse».
En un día típico pasan «las mañanas enfocados en esta formación profesionalizante» y por la tarde bucean en nuestra cultura. Una de las actividades de este tipo que realizan es visitar los institutos y «hacer mesas redondas con jóvenes de su generación» donde estudiantes locales y los recién llegados se explican entre sí de dónde vienen. «Y los fines de semana se dedican al orden en su casa y el deporte», para lo que se buscan líderes entre los propios usuarios que asuman la responsabilidad de que «en su casa se respeten las normas y se conviva adecuadamente». «No hemos tenido ningún problema, es una alegría ver cómo se apoyan entre ellos y si no sería imposible», reconoce el presidente de Fundación Canaria El Buen Samaritano.
Inserciones laborales con salesianos
La Fundación Don Bosco, según nos explica Miguel Ángel Rojas, su director territorial en Canarias, trabaja «de forma complementaria al Buen Samaritano», pues se especializa en la atención a jóvenes magrebíes y «tenemos un proyecto de acompañamiento donde atendemos aproximadamente a 100 jóvenes». Y además, siete pisos repartidos por la isla de Tenerife que «no son específicos para chicos migrantes» y donde conviven de forma mixta chicos y chicas. Las viviendas están alrededor de los dos grandes colegios de los salesianos en la isla de Tenerife. «En el de La Cuesta, con los salesianos vive gente. Y en La Orotava ya no hay comunidad y una parte de las habitaciones se ha destinado a los chicos», nos cuenta su director territorial.
Junto a esto «ofrecemos un itinerario de inserción laboral y asesoramiento jurídico». Algo que, según reconoce este responsable, «es muy salesiano». «El año pasado tuvimos en torno a 540 inserciones laborales a través del programa de empleo», explica Rojas. Un éxito que achaca a que hay «mucho trabajo en red porque formamos parte del ámbito diocesano y también estamos en estructuras civiles». Para responder al desafío migratorio, «una entidad sola no lo va a poder hacer», sentencia. Por eso esta entidad forma parte de la Mesa de Migraciones de la diócesis de Tenerife y «a nivel civil estamos en un proyecto insular que se llama ‘Barrios por el Empleo’ donde trabaja también Cáritas, Cruz Roja o la Fundación General de la Universidad de la Laguna».

Sobre la visita del Papa, Miguel Ángel Rojas espera tres mensajes. El primero, que «la Iglesia está preocupada por la migración», una máxima que debe llegar «no solo a los profesionales sino también a las personas con las que tratamos». El segundo, «que estamos haciendo muchas cosas, pero deberíamos estar haciendo mucho más». Y el tercero, que es mucho «lo que nos une» a otras personas aunque tengan otros orígenes, algo que «es muy potente decir en este mundo en guerra».
Un corredor de hospitalidad para trasladarse con apoyos
Caya Suárez es secretaria general de Cáritas Canarias y la responsable «del acto de migraciones que estamos organizando todas las entidades de Iglesia junta ante la visita de su Santidad» en Gran Canaria. La diócesis abarca esta isla, Lanzarote, Fuerteventura, las Palmas y la Graciosa, «que son las islas más cerca de África». Reivindica que «nuestra labor es una acogida digna en nuestras comunidades», ya sea una parroquia o un colegio, y con la ayuda de congregaciones como los jesuitas, las oblatas y muchos más. «Tratamos a la persona migrante como una que tiene dignidad propia y una vulnerabilidad por su situación administrativa irregular que le lleva a no tener acceso a ayudas ni vivienda». Para paliarlo, «vamos acompañando a la persona en sus procesos para que puedan tener acceso a derechos».
Aparte de «formación para capacitar y formación laboral para la búsqueda activa de empleo», desde Cáritas Canarias y el resto de entidades que colaboran con ella también «gestionamos los duelos migratorios». Es una cuestión que a menudo se pasa por alto, pero conviene destacar que «nos estamos encontrando con situaciones de salud mental y ponemos las herramientas que tenemos a nuestra disposición».
Una que destaca son «los corredores de hospitalidad», que los coordina Cáritas Canarias y su Pastoral de Migraciones y no son lo mismo que los corredores humanitarios. «Es la aportación de la Iglesia desde lo que somos y tenemos para ponerlo al servicio de jóvenes mayores de edad abocados a una situación de sinhogarismo», explica Caya Suárez. Aparte de «fomentar la sensibilidad y conciencia ante esta realidad», han diseñado una metodología exhaustiva a la que pueden adherirse los jóvenes que quieran trasladarse desde el archipiélago a la Península y que desean «tener una red de apoyo en una diócesis concreta».
Desde 2025, ya se han desplazado así unos 50 jóvenes «en un proceso de coordinación con la diócesis de acogida», pues «se les acompaña desde Canarias, no consiste en que se suban a un avión y vayan solos». Suárez reivindica que «el concepto de hospitalidad lo llevamos al máximo», pues estos corredores no se limitan meramente a «trasladar» migrantes sino que «les presentamos físicamente a personas para que tengan un primer contacto» en su nuevo destino. Lo cual tiene también sus durezas porque «abandonar Canarias es otro duelo después de haber hecho relaciones de amistad». Por eso, incluso ya ubicados en su diócesis peninsular, «seguimos en contacto para cualquier orientación y apoyo si están de bajón».
La secretaria general de Cáritas Canarias considera que la visita de León XIV a las islas el 11 y 12 de junio «es una oportunidad para que se encuentre con todas las personas que están en la base, en las parroquias y en todos los servicios donde participamos como Iglesia». Y no solo se reunirá con trabajadores sociales sino también con los verdaderos protagonistas, «las personas vulnerables y migrantes, que van a estar invitadas». «Nuestro deseo es mostrar a su Santidad esta realidad con la que vivimos todos los días y poder visibilizar a todo el mundo», concluye.