"Mi querida diócesis": el Chiclayo que configuró al obispo Prevost
En este nuevo episodio de Esperando a León, sacerdotes y laicos de la diócesis peruana retratan los ocho años y medio en los que Robert Prevost fue su obispo, una etapa decisiva en el camino del primer Papa agustino
Cuando el 8 de mayo Robert Prevost se asomó a la Logia del Vaticano convertido en León XIV, una de sus primeras palabras, en perfecto castellano, fue para Chiclayo, a la que llamó "su querida diócesis". No fue un gesto improvisado. En 2014, el Papa Francisco lo había nombrado obispo de esta diócesis del norte de Perú, en sustitución de Jesús Moliné, y allí permaneció hasta ser llamado a Roma, de nuevo por Francisco. Ocho años y cinco meses que, según coinciden quienes le conocen, dejaron una honda huella en él. Y un agradecimiento profundo en el pueblo chiclayano.
Este nuevo episodio de Esperando a León recoge la voz de quienes vivieron de cerca su ministerio episcopal. El padre José Antonio Jacinto, historiador de la diócesis, habla del "milagro de la continuidad" y de cómo Prevost impulsó la renovación misionera, el trabajo sinodal y la formación del seminario.
El padre Marcos Ballena, antiguo rector del seminario de Santo Toribio de Mogrovejo, recuerda cómo Prevost le enseñó que las homilías debían ser "verdaderos testimonios" y no discursos. Y comparte una anécdota personal conmovedora que ocurrió cuando enfermó de COVID.
Esa paternidad aparece también en el relato del padre Edward Santa Cruz, un sacerdote parapléjico de quien Prevost estuvo muy pendiente, especialmente cuando Santa Cruz, como consecuencia de varias operaciones e ingresos hospitalarios, sufrió una crisis que le afectó a su salud mental.
La dimensión social marcó también su etapa chiclayana. Edinson Delgado, administrador del Colegio Santo Toribio de Mogrovejo, lo describe como "un obispo de calle, no de oficina". Durante el fenómeno del Niño de 2017 se le vio con la pala apartando barro, y en la pandemia recorrió la ciudad con el Santísimo para bendecir al pueblo. Yanina Montenegro, coordinadora de pastoral del mismo colegio, subraya su humildad y su cercanía con los adolescentes, a quienes animaba a "ser valientes para expresar su fe". Juana Laos y Juliana Jiménez, del colegio Ceibos, recuerdan cómo movilizó a las familias para atender un comedor de 180 inmigrantes venezolanos, convirtiendo la acción social en parte del proyecto educativo.
El profesor Julio César Romero resume lo que muchos repiten: Prevost sabía escuchar, acercarse y convocar. Y recuerda el lema que el hoy Papa eligió desde Chiclayo y mantiene en su escudo papal: In illo uno unum, "en Él, todos somos uno".