Reconstruir vínculos, derruir muros: así ha sido la etapa en Madrid

Reconstruir vínculos, derruir muros: así ha sido la etapa en Madrid

Tras cuatro días intensos en Madrid, León XIV concluye la primera etapa de su viaje a España dejando un mensaje claro: reconstruir los vínculos humanos en una sociedad marcada por la polarización. Desde las instituciones hasta los más vulnerables, el Papa ha insistido en la cultura del encuentro, la dignidad de la persona y el diálogo como caminos de esperanza. Su propuesta, más que un programa, es una invitación a volver a mirarse a los ojos.

Texto: María Acebal Fuente

Fotografía principal: Marcos Nogales

Fotografías: Marcos Nogales / Luismagan / Gabriel Gonzalez-Andrío / Ballestero-EFE

Contra la polarización, la cultura del encuentro

Madrid ha sido durante cuatro días el escenario de la primera etapa del viaje del Papa León XIV en España: una intensa sucesión de actos, celebraciones y encuentros que han llevado a León XIV desde el Palacio Real hasta el Congreso de los Diputados, desde un centro de acogida para personas vulnerables hasta el Santiago Bernabéu. Sin embargo, detrás de la diversidad de escenarios y públicos, el Papa ha desarrollado un mismo mensaje: la necesidad de reconstruir los vínculos humanos en una sociedad marcada por la fragmentación, la desconfianza y la polarización.

La idea apareció ya en su primer discurso en España. Ante las autoridades y representantes de la sociedad, León XIV invitó a optar por “la claridad que ilumina” y la “franqueza que abre caminos”, reivindicando una cultura del encuentro capaz de superar las dinámicas de confrontación que atraviesan las democracias occidentales.

No fue una apelación circunstancial. Durante toda su estancia en Madrid, el Pontífice ha regresado una y otra vez a la necesidad de construir puentes. Lo hizo ante las instituciones, pero también ante los jóvenes, los fieles, los agentes sociales y los propios católicos madrileños.

Quizá una de las formulaciones más claras llegó en la catedral de la Almudena, donde afirmó que “para edificar algo nuevo hay que destruir los muros” y animó a ser “constructores de vínculos” capaces de restaurar el lenguaje de la comunión, el amor fraterno y la concordia. Una imagen que resume bien el espíritu de estos primeros días: menos preocupación por las fronteras y más interés por los espacios de encuentro.

 Luis Magan3

Fotografía: Luis Magán

La persona en el centro

Si el encuentro ha sido uno de los ejes del viaje, la dignidad de la persona ha sido el otro.

Antes de dirigirse a las grandes multitudes, León XIV quiso acercarse a quienes suelen permanecer lejos de los focos. En CEDIA 24 Horas escuchó testimonios de personas que viven situaciones de exclusión social y recordó que “la caridad no admite demoras”. Allí situó a los más vulnerables en el centro de la mirada pública y reivindicó una comunidad donde el sufrimiento de unos no resulte indiferente para los demás.

Esa misma preocupación reapareció durante la multitudinaria vigilia juvenil en la Plaza de Lima. Ante cientos de miles de jóvenes, el Papa lanzó una invitación sencilla y exigente a la vez: “Sed humanos”. En un tiempo dominado por las apariencias y las identidades proyectadas en las pantallas, pidió ser hombres y mujeres auténticos, “rostros fiables” más que personajes construidos para agradar.

La misma lógica recorrió su histórica intervención en el Congreso de los Diputados. Ante los representantes de los españoles, León XIV articuló quizá la formulación más explícita de su propuesta para España. Defendió la vida humana en todas sus etapas, denunció cualquier forma de discriminación y recordó que ninguna sociedad puede considerarse plenamente justa cuando deja en la sombra a los más vulnerables.

En realidad, las distintas intervenciones formaban parte de una misma reflexión. El excluido de CEDIA, el joven que busca sentido, el anciano dependiente, el enfermo, el migrante o el no nacido aparecen en el discurso papal unidos por un principio común: la dignidad inviolable de toda persona humana.

Por eso no resulta casual que, al despedirse del Congreso, deseara que España continúe siendo “tierra de encuentro, de cultura, de solidaridad y de esperanza”. El encuentro y la dignidad humana han sido las dos caras de un mismo mensaje.

Luis Magan2

Fotografía: Luis Magán

Una fe que quiere dialogar con su tiempo

La tercera gran constante del viaje ha sido la voluntad de presentar una Iglesia llamada a renovar su propia vida para dialogar mejor con la sociedad contemporánea.

La misma llamada a la reconciliación resonó durante su encuentro con los obispos españoles en la sede de la Conferencia Episcopal. En el marco del 60 aniversario de la institución, León XIV les pidió “custodiar la unidad, favorecer el diálogo, sanar fracturas y acompañar el camino del pueblo” que les ha sido confiado. En una intervención que prolongaba muchas de las intuiciones expresadas durante el viaje, el Papa reclamó una Iglesia capaz de ser signo de comunión en una sociedad polarizada y animó a los pastores a desprenderse de inercias y seguridades que dificultan la acción del Espíritu. También abordó de forma explícita el drama de los abusos, definidos como una “plaga”, y reclamó para las víctimas escucha, verdad, justicia, reparación y una cultura del cuidado cada vez más firme.

La imagen más multitudinaria llegó con la celebración del Corpus Christi. Más de un millón y medio de personas llenaron la Plaza de Cibeles y las grandes avenidas del centro de Madrid para participar en una eucaristía en la que León XIV lanzó una de las frases más significativas de estos días: la religiosidad que ha marcado la historia de España no puede convertirse en “un museo del pasado que visitar”, sino seguir siendo una fuente viva de inspiración para el presente.

La misma preocupación estuvo presente en el encuentro celebrado en el Movistar Arena con representantes de la cultura, la universidad, la empresa y el deporte. Allí defendió una Iglesia que no vive encerrada en sí misma, sino dispuesta a dialogar con el mundo contemporáneo y a colaborar en la búsqueda del bien común. Reclamó universidades comprometidas con la verdad, empresas que no reduzcan a las personas a un factor de producción, un arte accesible y un deporte que conserve su dimensión educativa y humana.

El acto celebrado en el Santiago Bernabéu sirvió como síntesis de todo lo vivido. Ante cerca de 70.000 personas de la comunidad diocesana madrileña, el Papa volvió a hablar de ciudad, de relaciones humanas y de la capacidad transformadora de pequeños gestos cotidianos. “La bondad, aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos”, afirmó. No era una frase aislada, sino la conclusión lógica de cuanto había venido desarrollando desde su llegada.

La insistencia en la sinodalidad, en la vida de barrio, en las asociaciones y comunidades concretas apuntaba nuevamente a una misma intuición: la renovación de la sociedad no comienza en las grandes estructuras, sino en las relaciones humanas capaces de generar confianza, pertenencia y esperanza.

Quizá por eso su última parada en Madrid tuvo lugar junto a quienes han permanecido casi estos días fuera del foco. En Ifema, antes de partir hacia Barcelona, agradeció el trabajo de los más de 25.000 voluntarios que han hecho posible el viaje. A ellos les recordó que los cristianos están llamados a llevar al mundo “la levadura de la gratuidad”.

La imagen final resulta reveladora. Después de hablar con autoridades, parlamentarios, empresarios, artistas, jóvenes y multitudes de fieles, León XIV quiso despedirse de quienes han servido discretamente durante meses. Como si quisiera dejar claro que la propuesta que ha traído a Madrid no se sostiene sobre el poder ni sobre las cifras, sino sobre algo mucho más sencillo: la capacidad de las personas para encontrarse, cuidarse y construir juntas un horizonte de esperanza.

VOLVER A NOTICIAS