El Papa en CEDIA: la puerta pequeña por la que León XIV ha entrado en Madrid
En su saludo, el cardenal José Cobo definió el centro como “un rincón discreto y fecundo” que “tiene algo de Belén” y aseguró que el Papa entraba en Madrid “por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia”.
Fotos: J.J. Guillén (Efe)
"Abierto 24 horas". Lo dice el cartel que recibe a quien llega a Cedia, el Centro de Información y Acogida de Cáritas Madrid para personas en situación de sin hogar. Sus puertas nunca se cierran. Día y noche, este pequeño rincón de la capital ofrece escucha, acompañamiento y un lugar donde volver a sentirse en casa.
Por esas mismas puertas, que el pasado año acogieron a 2.562 personas, fue recibido este viernes el papa León XIV entre aplausos y gritos de “¡Te queremos, Papa!”. Tras una mañana marcada por los actos institucionales, el Santo Padre encontró en Cedia un ambiente más distendido, donde la cercanía acaparó el protocolo.
Mientras en el patio aguardaban personas acogidas, voluntarios y trabajadores del centro, León XIV recorrió las instalaciones para conocer de cerca la realidad cotidiana de quienes son acompañados por este recurso de Cáritas Madrid. Después se dirigió al encuentro preparado en el patio, donde fue recibido por quienes quisieron devolverle, con la misma calidez con la que ellos han sido acogidos tantas veces, la hospitalidad que define la vida cotidiana de Cedia.
En su saludo, el cardenal José Cobo definió el centro como “un rincón discreto y fecundo” que “tiene algo de Belén” y aseguró que el Papa entraba en Madrid “por una puerta singular: pequeña en apariencia, pero inmensa en misericordia”.
A continuación llegaron los testimonios. Historias que pusieron rostro a tantas otras historias anónimas. Entre ellas, las de Niurka y Khadry, que un día cruzaron aquellas mismas puertas buscando ayuda y que hoy son ellas quienes acompañan a otras personas en situaciones similares. Sus palabras reflejaron uno de los frutos más visibles de la acogida: la capacidad de transformar la experiencia recibida en servicio a los demás.
También tomó la palabra Alicia, que comenzó colaborando como voluntaria en proyectos con personas sin hogar y que, con el paso del tiempo, ha seguido entregando su tiempo en otras realidades de vulnerabilidad. Esta última recordó las palabras dirigidas por Dios a Moisés ante la zarza ardiente: “Descálzate, porque el lugar que pisas es tierra sagrada”.
La música también acompañó el encuentro. La actuación de Niña Pastori puso una nota de emoción a la tarde y dejó unos versos que más tarde serían retomados por el propio Pontífice: “En cada sueño te busqué, y ninguno fue en balde”.
Recogiendo la imagen evocada por Alicia, el Santo Padre recordó también el episodio de Moisés ante el Horeb e invitó a reconocer la presencia de Dios en quienes llaman cada día a nuestras puertas buscando ayuda y compañía.
Texto: Julia Nieto Sánchez
Mirando a las personas acogidas, a los voluntarios y a los trabajadores reunidos en el patio, agradeció una labor que definió a partir de una imagen que había atravesado toda la visita, definiendo Cedia como “un Belén sencillo y acogedor” que se prepara “día y noche” para acoger a Jesús presente en las personas que se asoman al umbral del centro.
Citando al papa Francisco, recordó que “los que aman de verdad no se limitan a dar algo”, sino que atienden las necesidades materiales y espirituales de las personas, favoreciendo su promoción integral.
Antes de concluir el encuentro, Alba, educadora social del centro, hizo entrega al Santo Padre del Árbol de la Esperanza, una obra realizada por mujeres acompañadas en distintos proyectos de Cáritas. “Para ellas ha sido muy especial saber que este signo era para usted; se han sentido reconocidas”, le explicó
La visita concluyó con el rezo del Padrenuestro, la bendición final y el saludo de León XIV a numerosos asistentes. Una tarde marcada por la escucha, el encuentro y la acogida, en la que el Santo Padre invitó a reconocer la presencia de Cristo en quienes llaman a nuestras puertas y recordó que, cuando una persona abre su vulnerabilidad ante nosotros, estamos entrando en terreno sagrado.