Dos brújulas para la travesía: Cruz y Eucaristía

Dos brújulas para la travesía: Cruz y Eucaristía

En una tierra acostumbrada a navegar entre horizontes y tempestades, León XIV ofreció a la Iglesia canaria dos claves para la travesía cristiana: abrazar la cruz de Cristo y dejarse sostener por la Eucaristía. Lo hizo durante el encuentro mantenido en la Catedral de Santa Ana con quienes sirven cada día en la misión evangelizadora del archipiélago.

Autor: María Acebal

Fotografías: Dicastero per la Comunicazione (*)

Después de asomarse al dolor de quienes cruzan el Atlántico buscando una vida mejor, León XIV quiso detenerse esta tarde junto a quienes sostienen silenciosamente la vida cotidiana de la Iglesia. En la Catedral de Santa Ana, corazón histórico de Vegueta, el Papa se encontró con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral de todo el archipiélago para hacer algo que se está convirtiendo en una constante de este viaje: acompañar a quienes acompañan. 

 

 Rb K2368.jpgCanarias, tierra acostumbrada a vivir de cara al mar, ofrecía el escenario perfecto para una de las imágenes más repetidas por el Pontífice durante su intervención. La vida cristiana, vino a decir, es una travesía. Y quien sube a la barca de Jesús sabe que tarde o temprano encontrará olas, incertidumbres y tempestades.

“Diversos carismas, un mismo Espíritu”. Con estas palabras de la Carta del apóstol san Pablo a los Efesios comenzó a dibujarse el marco espiritual del encuentro que León XIV mantuvo esta tarde en la Catedral de Santa Ana con la Iglesia que peregrina en Canarias.

Antes de tomar la palabra, el Papa saludó al Cabildo Catedralicio y permaneció unos minutos en oración ante el Santísimo, en la capilla del Sagrario. Después, el obispo de Canarias, monseñor José Mazuelos Pérez, le dio la bienvenida presentando la identidad de una diócesis marcada por su condición insular y fronteriza, abierta históricamente al encuentro entre pueblos y culturas.

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Autor: Eros R. Santana / Europa Press

Sobre esa imagen marinera construyó el Papa dos orientaciones para la navegación. La primera, abrazar la cruz de Cristo. La segunda, cultivar una profunda espiritualidad eucarística.

Muchos santos “supieron llevar a Jesús en sus barcas", recordó, evocando a quienes supieron atravesar las tormentas confiando en Él y encontraron en la cruz no un peso inútil, sino el camino hacia la esperanza.

Apenas unas horas después de reunirse con las entidades que acompañan a las personas migrantes, León XIV reconoció que esa llamada a abrazar la cruz no era una teoría espiritual, sino una realidad cotidiana para muchos de los presentes. Son, dijo, como “cireneos que ayudan a cargar el peso de tantos hombres y mujeres heridos por los dramas de la vida”.

La segunda indicación apuntaba al corazón mismo de la vida de la Iglesia. La Eucaristía, explicó, no une únicamente con Cristo; une también con todos aquellos a quienes Cristo se entrega. Por eso animó a profundizar en una espiritualidad eucarística, capaz de sostener la unidad eclesial y alimentar una caridad concreta hacia los demás. 

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En nombre de los presentes tomaron la palabra el sacerdote Santiago Cerrato Cáceres y la secretaria general de Pastoral, Enélida Hernández Monzón. El primero puso voz al cansancio, la soledad y las dificultades que acompañan a menudo el ministerio y el compromiso eclesial. La segunda insistió en la necesidad de pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral decididamente misionera, capaz de transformar parroquias centradas en los servicios en comunidades evangelizadoras abiertas a quienes permanecen fuera. 

Al término del encuentro, León XIV volvió a elevar la mirada de los presentes hacia el horizonte. "Alcen la mirada", pidió una vez más, invitándoles a dejarse guiar por la fe, la esperanza y la caridad, esas tres estrellas que —recordando a san Juan Pablo II— iluminan el camino de la vida cristiana.

El Padrenuestro final sonó entonces como algo más que una oración compartida. Fue también la expresión visible de esa unidad sobre la que el Papa había insistido durante toda la tarde; también en sus anteriores etapas. Una unidad que, como la estela de una embarcación sobre el mar, permanece incluso cuando la nave ya ha seguido adelante.

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Entre los obsequios que le ofrecieron como despedida, destacó el árbol genealógico que le regalaron al Santo Padre, con la esperanza de que tenga orígenes canarios. Con un “ya nos lo confirmará” y un largo aplauso, los presentes se despidieron del Papa. 

(*) Queda prohibida la reproducción de las fotografías sin permiso expreso de su titular

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